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¿Quién califica a la Calificación?


En teoría, llegamos a calificar cuando emitimos un juicio respecto a un producto que un estudiante nos entrega. Este juicio se basa sobre la comparación de resultados con las evidencias pre establecidas, como indicadores de logro, por ejemplo. Generamos una escala ordinal se acuerdo al instrumento que construimos, ubicamos el 60% de logro para la nota 4 y comparamos el criterio, definido de antemano, con el producto que nos entregan. Ubicamos su posición en la escala y consigamos la calificación. Eso en la práctica, en la realidad ¿Todos calificamos igual, siguiendo el mismo procedimiento? La experiencia dice que varios docentes tienen formas distintas de enjuiciar los productos entregados (pruebas de lápiz y papel u otro procedimiento), en independencia de las evidencias pre establecidas en los programas o
planificaciones.
Supongamos que un estudiante tiene una docente de matemática en el primer semestre y otra distinta en el segundo semestre (licencia médica prolongada). Sus notas son bajísimas en el primer semestre, su promedio es de un 3.8, y, gracias a que hubo trabajos en grupo, si promedio no fue más bajo. Si autoestima por el suelo, “no sirvo”, se lo repite a cada momento, “soy mal estudiante” es el pensamiento recurrente en su cabeza. No entendía lo que la docente decía en clases. En el segundo semestre recibe a la nueva profesora, le empezó a entender, se saca buenas notas, se siente feliz, es capaz y piensa que la matemática es más fácil de lo que creía. Su promedio fue un 6,2 en el segundo semestre. Claro, en el certificado le consignaron el promedio: 5.0. Lo que acabo de narrar está tomado de la realidad, es verídico. Se trata de una niña de 7º básico y esto sucedió en el 2018. Siendo la misma niña, la misma capacidad, la misma inteligencia, pues el tiempo que pasó entre una docente y otra fueron dos semanas de vacaciones, ¿Qué cambió? Desde mi punto de vista, es evidente cambió la profesora. Fue otra la docente que tomó al curso y le dio un vuelco. Pero lo más importante, cambió la forma de enseñar.

Entonces ¿De quién dependen las calificaciones que obtienen los estudiantes?
Pareciera ser que, principalmente, de los profesores. Paso a fundamentar con ejemplos:
- Siendo un estudiante el mismo y las profesoras/es cambian y cambian las notas del estudiante (mejoran o empeoran).
- Para un docente es primordial el uso de la memoria, la repetición. Para otro es fundamental el raciocinio, para otro es la aplicación…
- Un profesor elabora una prueba de 7 preguntas, todas del mismo valor. Otro profesor elabora 14 preguntas, dando valores diferenciados a las preguntas, de acuerdo a las evidencias que le exige el programa.

- Un mismo docente elabora un instrumento de diferente grado de dificultad durante el periodo escolar, le resultan unas pruebas mas “fáciles” y más “difíciles” de responder. Es decir, el nivel de dificultad no se mantiene.


No desconozco que hay otros factores, pero quien enseña, quien elabora la prueba y quien califica es el docente, y, si el estudiante no contesta como el docente quiere o espera, las calificaciones no serán reflejo de su real aprendizaje.

Veamos otra dimensión del tema ¿Qué diferencia hay entre un 6,8 y un 7; y un 3,8 y un 4 Evidentemente dos décimas ¿Valen lo mismo esas dos décimas? No. De partida no utilizamos escalas estandarizadas. Cada docente elabora su escala de acuerdo a su propia iniciativa, la que responde a un instrumento que otro docente no habría elaborado igual. El 4 indica que aprendió en el rango mínimo, pero el 3,8 está demasiado cerca, o sea, estuvo “a punto” de aprender. ¿Nuestros instrumentos son tan finos que determinan equidistancias entre cada décima? Cometer un pequeño error en una prueba puede significar la diferencia en la calificación. Y a veces se busca que se comentan esos pequeños errores de tal forma de “distribuir” las notas entre los que más saben y los que menos.


Avancemos a otro punto, aún más grave, según mi punto de vista ¿Por qué tenemos que calificar? Primero: hemos enseñado a los futuros docentes que la evaluación sumativa, por definición, certifica los logros del aprendizaje al final del proceso. Calificar es una parte de la evaluación, la que debiera tener menor importancia, pues la importancia la tiene la información que se recoge para potenciar el aprendizaje de todas/os. Recoger información para mejorar el proceso, ya sea de aprendizaje y/o de enseñanza, es la finalidad de la evaluación. Se evalúa para mejorar. Segundo: la tradición cultural basada en la nota está inmensamente arraigada en nuestra cultura. Cuando nuestros hijos llegan a casa les preguntamos ¿Cómo te fue en el colegio? Y nos responden “fantástico, jugué todo el recreo al arco y no me hicieron goles”; entonces, revelamos la verdadera pregunta “no me refiero a eso, me refiero a qué notas te sacaste”. Todo el mundo gira en torno a las calificaciones expresadas en notas del 1 al 7: becas,
premios de las Cajas de Compensación, bonificaciones para ingresar a la Universidad (y mejor mesada…). La nota es nuestra carta de presentación. Tercero: derivado de lo anterior. Porque en nuestro ADN, tanto como docentes como estudiantes, no podríamos hacer clases si no hay notas, al menos parte de ellas, las décimas. Los estudiantes se mueven (trabajan) por décimas, si no las hay, no hay trabajo, o este es de menor esfuerzo. Si la nota vale mucho, se trabaja mucho, si la nota vale menos, se trabaja poco. Y nos preguntamos ¿por qué los estudiantes no valoran el aprendizaje por si mismo? La respuesta es evidente: porque nosotros y todo el sistema gira en base a la nota. Y la paradoja, los docentes nos quejamos de esto, pero al momento de poder hacer el cambio, la inercia nos lleva. En los colegios, en los Consejos Técnicos de docentes, se discute cuántas notas debe tener cada asignatura por semestre. Luego viene el arrepentimiento de muchos: hay que calificar demasiado y esto le resta tiempo para “pasar” materia. Para sintetizar: la calificación es diferente según el docente que deba consignarla.

No hay dos docentes que califiquen exactamente igual. Las escalas que se aplican varían de instrumento a instrumento. Estamos obligados a calificar: Reglamentos Internos de Evaluación y obligación cultural. Dado el escenario anterior ¿Es posible evaluar sin calificar con notas? Es difícil. Pero se están dando pasos para eliminar las notas como único medio de informar el avance, o no, en el aprendizaje (recordar que este es el fin). l Decreto 67 del 31 de diciembre del 2018, el que regirá a partir del 2019, define la calificación como: “Representación del logro en el aprendizaje a través de un proceso de evaluación, que permite transmitir un significado compartido respecto a dicho aprendizaje mediante un número, símbolo o concepto. Por otro lado, la calificación anual, será una nota: “Artículo 8°.- La calificación final anual de cada asignatura o módulo deberá expresarse en una escala numérica de 1.0 a 7.0, hasta con un decimal, siendo la calificación mínima de aprobación un 4.0.” Entonces, hay que
empezar por enjuciar las formas con las cuales calificamos, pues, como he tratado de demostrar, tenemos mucho trabajo al respecto. No podemos hacer un giro a mejores aprendizajes si no ajustamos todas las variables que inciden en el proceso, y como sabemos, la evaluación es parte integral de la enseñanza y el aprendizaje. Cuestionar la calificación, la forma, los tiempos, las dimensiones técnicas de los instrumentos, entre otras variables, son parte de nuestra responsabilidad a la hora de aprovechar el impulso de mejorar nuestro quehacer profesional: que todas y todos aprendan.







  
  

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