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Un vicenciano se pregunta: “¿Dónde está Dios?”


Durante estos breves meses hemos visto de primera mano los efectos de la injusticia, ya fuese sobre un grupo o dentro de las comunidades donde trabajamos. He experimentado nuevas preguntas con la nueva administración que parece fomentar una cultura que minusvalora a los marginados. Aquí en Denver he experimentado de primera mano la marginación de las personas sin hogar, ya que trabajo en un centro de recursos, Denver Urban Matters. Y en nuestro viaje a las fronteras pude presenciar la desigualdad y el miedo en torno a la inmigración en la frontera de El Paso-Juárez. Me dejó pensando y buscando dentro de mi propio corazón el amor y la salvación de Dios.

¿Dónde está Dios en un mundo lleno de tanto dolor y sufrimiento? También constaté la misma búsqueda en los miembros de mi comunidad, ya que a menudo volvíamos a casa agotados o desesperados porque nuestro trabajo parecía una batalla cuesta arriba donde el sufrimiento triunfa, a menudo, sobre el amor y la esperanza.

Pero me estoy dando cuenta de que, en medio de la incertidumbre y la ansiedad que provienen de ser compañeros cristianos con aquellos a quienes servimos, podemos ser profetas de esperanza transformadores en nuestro trabajo a través de la oración y la comunidad.

En las casas de la comunidad compartimos comidas durante la semana, comidas que son una fuente de curación espiritual y nutrición física. Venimos a la mesa de donde estamos y traemos con nosotros lo que llevamos. A veces es divertido y alegre, pero muchas veces traemos el peso de un día difícil o un evento actual difícil. Pero llegamos para ser nutridos y compartir el poder sanador de una comida. Dejamos nuestras preocupaciones y ansiedades y simplemente nos relacionamos. Esta es una fuente de fortaleza y esperanza para nuestra comunidad, pero también para el futuro del reino de Dios. Dentro de est tiempo de oración e relación de una cena, las cargas y las ansiedades del trabajo parecen más fáciles de soportar e incluso pueden transformarse en actos de esperanza y salvación. A través del apoyo espiritual de mi comunidad, me centro menos en esperar un logro imposible de la justicia y empiezo a ser un profeta del amor y la curación que viene de Dios.

La conexión comunitaria y humana me sostiene para confiar en Dios; el apoyo de la comunidad de los Voluntarios Vicencianos de Colorado me insta a ser un agente activo de salvación que rompa los lazos de ansiedad y miedo que dominan gran parte de nuestro mundo. El amor y las oraciones de la comunidad hacen del presente un continuo proceso de renovación y gracia activa para sanar corazones y mentes hacia un amor incondicional a Dios y a los demás.







  
  

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